| Planificando la ruta. |
Así que nada más disponer de los mapas y sabiendo que en esta ocasión tan solo dispondría de unos 12 días - el recorrido entero del GR-11 suele realizarse en unos 40 días de marcha -, pude empezar a analizar distancias y posibles finales de etapa desde los que poder volver en transporte público hasta Barcelona (y de ahí volar hasta Bruselas).
En principio, contaba con 10 días de ruta, además de dos días para viajar desde Bruselas a Hendaya y desde Barcelona a Bruselas). Sin embargo, la cosa se complicaba al explorar la posibilidad de ascender algún pico, como el emblemático Bisaurín en Aragón - el primer pico notorio de los Pirineos viniendo desde el oeste, y un gran mirador sobre la región. Asimismo, es necesario plantear alternativas a la ruta normal en caso de mal tiempo, lesiones, o cansancio acumulado.
Una vez resueltos estos rompecabezas, la segunda preocupación radica en el material necesario. Ésta es una consideración importante, pues cada gramo adicional se notaría en los fuertes desniveles que me esperan, por lo que resulta sumamente importante limitar el peso que cargaré sobre mis espaldas al mínimo posible. ¿Que tamaño debería tener la mochila? ¿Cuánta ropa necesitaría? ¿Comida, agua, saco, hornillo, tienda de campanya, botiquín, etc.?
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| Mi equipo de supervivencia |
Una de las decisiones mas importantes radica en si conviene llevar tienda de campañaa o no. Tras dudar sobre si valdría la pena cargar con el peso de una tienda de campaña teniendo en cuenta que a lo largo del recorrido existen muchos refugios de montaña, finalmente me convencí de que la tienda me ofrecería mucha flexibilidad y que, en caso de no lograr llegar al destino final durante una etapa debido al mal tiempo o al cansancio, la tienda sería un seguro de vida. Tomada la decision, me puse a buscar una tienda unipersonal ligera, y que no fuera excesivamente cara. Buscando por internet, me decanté finalmente por una tienda que pesaba aproximadamente 1kg, y que podría montar utilizando mis bastones telescópicos. Asimismo, necesitaría una esterilla (inflable), y un saco de dormir ligero, pero con una temperatura de confort de unos 12 grados centígrados, ya que las temperaturas en los Pirineos pueden caer drásticamente durante la noche.
También tuve que tomar la difícil decisión de dejar mi cámara réflex en casa y sustituirla por una cámara compacta más pequeña y ligera (¡esta fue, sin duda, una decisión de la que no me arrepentiría más adelante!).
En tercer lugar, la ropa: dos mudas (lavaría una muda a diario), un polar, una chaqueta goretex ligera, pantalón impermeable, guantes y gorra. Además, llevaría unas sandalias para aliviar mis pies al final de cada jornada, y otros utensilios como un hornillo, un frontal, botiquín, 2 litros de agua, barritas energéticas y geles, gotas potabilizadoras, una pastilla de jabón, una toalla, brújula, mapas, gafas de sol y crema solar factor extremo. También un bolígrafo, un blog de notas, un cargador para el móvil y otro para la cámara, así como un libro imprimido, de cuyas páginas me iría deshaciendo poco a poco, aligerando así mi mochila.
Para prepararme, aprovecharía el día a día para ir caminando al trabajo, e ir acostumbrando mis piernas a andar cada día varios kilómetros. Los fines de semana, recorrería distancias más largas para entrenar mi resistencia.
Por último, el factor más importante y difícil de planear consistía en la preparación mental. ¿Cómo me afectaría estar solo tantos días ante un desafío que me exigiría al máximo física y mentalmente? ¿Cómo impactaría la soledad en mi motivación? ¿Y la dificultad del reto? ¿Sería capaz de estar solo tantos días? ¿Cómo sobrellevaría el esfuerzo, el cansancio y, sobre todo, la soledad en momentos duros y, quién sabe, si peligrosos?
