Tuesday, 23 July 2013

Sobre el café

En su libro "La idea de Europa", George Steiner habla del café como un elemento constitutivo de la Europa moderna. Los clásicos cafés europeos constituían un privilegiado lugar de debate para intelectuales y refugio para exiliados políticos de todos los rincones de Europa. Para Steiner, el café - a diferencia de otros lugares públicos como el pub británico (public house) - ofrecía un ambiente liberal y abierto a la discusión de las ideas. No sorprende pues que figuras como Freud, Lenin o Trostsky en Viena y otras como Zola, Sartre o Picasso en París frecuentaran estos establecimientos para discutir sobre cosas tan dispares y a la vez entrelazadas como política, filosofía o arte.

Hoy en día los cafés parisinos, vieneses, barceloneses o madrileños destilan cierta nostalgia de aquella época dorada en las que el mundo era un campo de batalla ideológico y cultural. Pero aunque los tiempos hayan cambiado y esos cafés se mantengan más por su condición de atracción turística que por el espacio de debate que ofrecieron en otras décadas, hay un elemento que ha sobrevivido y que se ha extendido a gran parte de la sociedad: la bebida del café.

El café tiene un gran aliciente. En tanto que brebaje no alcohólico, es una buena excusa para una primera cita, para una conversación agradable, para mantenerse despierto o, simplemente, para acompañarlo de un cigarrillo (¡cuántos fumadores no pueden dejar de fumar por culpa del café!). El café posee un toque romántico: su color es cálido y misterioso a la vez y su aroma inconfundible invade el espacio desprendiendo una sensualidad que cautiva a los sentidos. Tanto es así, que una de las telenovelas más famosas de Colombia se titulaba "Café con aroma de mujer".

Pero si hay algo que caracteriza al café es su carácter atemporal. Aunque tomar un café puede durar minutos u horas, nuestra percepción nos engaña: el tiempo se para y los minutos se eternizan.  La vuelta a la rutina se retrasa. Disfrutar de un café presupone disponer de tiempo, algo infrecuente y sumamente excepcional estos días. Asimismo, y pese a que bien se puede gozar junto a la lectura de un periódico o un libro, el café es más un acto social que otra cosa. Cuando quedamos con alguien para  tomar un café, poco importa si al final tomamos un café u otra cosa; lo importante es el momento, el acto en sí mismo. La idea de café va más allá que el simple acto de consumir; es un momento de reflexión, de relajación y de desconexión de la rutina diaria. Nos permite parar, pensar, disfrutar de la compañía de seres queridos, o discutir sobre problemas existenciales que nos inquietan. 

Pero en estos días tan impersonales, "el café" como acto atemporal cumple una función más importante: nos humaniza. A diferencia de las redes (a)sociales, el café nos obliga a salir de nuestro individualismo, nos fuerza a sentarnos frente a otros seres humanos. No nos permite esconder nuestras emociones detrás de una pantalla o de un pseudónimo. Nos induce a interactuar con otras personas, a hablar y discutir, a opinar y a esuchar y, sobre todo, a dejar el tiempo a un lado. Esa es, en mi opinión, la esencia del café.

Es intrigante observar que, a diferencia de las culturas latinas - donde tomarse un café constituye todo un ritual -, en las culturas anglosajonas lo normal es pedir un café para llevar. Sentarse en una mesa del local en ocasiones puede incrementar el coste del café. Esta modalidad nos "ayuda" ser más eficientes: nos permite tomar nuestra dosis diaria de cafeína y trabajar sin perder tiempo. Y, sin embargo, semejante práctica nos enajena todavía más.

Es importante que recuperemos esta noción. Es importante que recuperemos nuestra Europa de los cafés.

¿Tomamos un café?


2 comments:

  1. Interesante teoria. Me pregunto si la variacion del precio de cafe entre paises varia segun el grado de individualismo. Seguiremos atentamente tu blog.

    Villa

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  2. Borja, me encanta tu texto. Muchas felicidades! Me encanta también leer textos bien escritos, algo que se echa de menos en internet :)

    Ahora que estoy dando clases de idiomas, en cuanto tenga a un alumno con nivel suficiente de castellano, nos tomaremos un café para hablar sobre tomar café. De verdad, me parece súper interesante.


    Una abraçada!

    Xavi Parrilla

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