9 de Noviembre de 2014. El pueblo catalán vota a favor de la independencia. Es un hecho consumado: no hay vuelta atrás. La pelota está en el tejado de Europa. Ante la evidencia, Catalunya es admitida como candidato a integrar la Unión Europea. Tras rápidas negociaciones sin complicaciones, Catalunya se convierte en nuevo Estado miembro del club europeo.
Bien, hasta aquí el cuento de la lechera. El futuro europeo que desde hace meses llevan planteando Artur Mas y sus correligionarios independentistas es, sencillamente, un cuento. Ayer cruzaron una línea roja: plantear un referéndum unilateral sin tan siquiera plantear una negociación con el gobierno español. De acuerdo, no es que podamos fiarnos demasiado de las buenas intenciones de Mariano y compañía. Pero ¿era necesario llegar hasta este extremo?
Pese a la falta de voluntad y capacidad de liderazgo mostrada por Mas en los últimos meses, me llama la atención una novedad en la formulación de las preguntas del referéndum: la eliminación de la palabra "Europa". ¿Acaso alguien recuerda otra pregunta en la que se cuestionaba si queríamos que Cataluña fuera un nuevo Estado de Europa? Mas ha demostrado nuevamente su aptitud para la magia: ¡de una pregunta trampa, hace dos, y además hace desaparecer a Europa! Todo un logro.
¿Pero qué ha sucedido para que de repente Europa haya quedado fuera de la(s) pregunta(s)? ¿Es que acaso el Govern ha desistido en querer pertenecer a la UE? A mi parecer, no. Simplemente creo que el President ha entendido que seguir por esa línea iba a dejarlo, tarde o temprano, en clara evidencia. Sin embargo, por mucho que él y sus partidarios se esfuercen en dibujar el futuro de una Catalunya independiente dentro de Europa, han preferido dejar este asunto de lado - o al menos, temporalmente. Así que sin Europa en juego, el debate es entre España y Catalunya.
Sin embargo, creo que los partidarios de celebrar un referéndum de manera unilateral han cometido un error de calado al no querer asumir las consecuencias políticas que un potencial "sí" tendría para la situación de Catalunya respecto a Europa. Y es que plantear semejante pulso político al gobierno español puede tener serias consecuencias en el futuro si Catalunya alcanzara la independencia. La más obvia, quedarse fuera de Europa.
Por mucho que los defensores del "sí" se hayan empleado a fondo en la búsqueda de argumentos jurídicos y económicos para desmitificar la amenaza de ser excluidos del club europeo, los mensajes provenientes del mismo son muy claros: si Catalunya se independiza, dejará de ser parte de la UE. Evidentemente, Catalunya podría presentar su candidatura para ingresar nuevamente en la Unión, esta vez como país independiente.
Ahora bien, las probabilidades de que el proceso de adhesión se estanque son altas. Como bien saben los expertos en integración europea, entrar en la UE es, ante todo, un proceso político en el que el veto de un solo Estado miembro puede poner fin a la adeshión catalana. Es por ello que las formas son tan importantes en política, más aun cuando hablamos de Europa.
El planteamiento de un referéndum unilateral ha sido un guantazo a las aspiraciones de una independencia catalana con un futuro europeo. Ante el desagravio histórico que una hipotética independencia unilateral supondría, el veto español a la adhesión catalana estaría asegurado. Y el cántaro del sueño europeo se habría hecho pedazos.
Es cierto que todo esto son conjeturas. Pero si nuestros líderes políticos siguen adelante con su pulso, estos escenarios hipotéticos pueden convertirse en una realidad. Y a no ser que nuestros representantes hagan un esfuerzo para sentarse a negociar y a pactar, es mejor que empecemos a hablar sin trampas sobre los inciertos escenarios a los que nos están llevando un liderazgo irresponsable.
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